Caso elegido:
El caso del adolescente
Sergio Urrego es una situación en la que el adolescente de 16 años se suicidó
en un centro comercial en Bogotá en el mes de agosto del año 2014,
presuntamente por situaciones de discriminación sexual en su colegio al
conocerse su orientación sexual diversa.
Reflexionando…
“Marica” es tal vez el
termino que dentro del parlache más se ha usado hasta para referirse a un
amigo; hoy en día se escucha esta palabra a diestra y siniestra, sin embargo, esta
misma palabra se ha convertido en un acto discriminatorio para las personas que
gustan del mismo sexo.
Ahora bien, es cierto que vivimos
en una sociedad que lucha por los derechos de las minorías; o como menciona
Pulgarín; en una sociedad donde “Las normas jurídicas deben variar acorde a las
realidades sociales” (2009); a lo cual debemos preguntarnos con juicio crítico:
¿es esto cierto?, la respuesta de muchos sería sí, las normas, la
jurisprudencia… temas que pueden resumirse como papel, porque las leyes tienen
su haber en el comportamiento de las personas y se vuelve irrisorio pensar que
mientras el papel decimos que todos somos iguales ante la ley, en el transporte
masivo se mire con repudio a quienes se besan o se toman de la mano, y no
porque sean del mismo sexo, sino porque se ha creado un paradigma en contra la
diferencia; basta con observar las miradas a cuando una pareja de distinta raza
camina junta, si alguien tiene el cabello de colores o simplemente si se viste
con una prenda no “aceptada” por la mayoría.
Con base en lo anterior
citemos ahora el caso particular; Sergio Urrego un joven como cualquier otro,
estudiante; bueno para unas materias y malo para otras, con metas, soñador del
amor y tantas cosas más, como tenemos nosotros; decide suicidarse por dos factores
que son vergonzosos; en primera medida por ser “diferente”, es decir por ser
gay; porque según la sociedad Colombiana, es más grave esto que la corrupción
(no en vano son las mismas familias desde el Frente Nacional quienes se han
turnado el poder) y en segundo plano, por algo que es más atroz, por la forma
de reacondicionamiento dado en su institución educativa para hacerlo “normal”;
al parecer sin duda por una profesional que solo tenía el titulo de ello; no se
puede concebir en una mente normal que un psicólogo catalogue la homosexualidad
como una confusión.
Pero ante todo ello, existe
un factor que es definitivo; a Sergio Urrego lo mató Colombia, lo matamos cada
uno de nosotros con la indiferencia, con la burla y buscando racionalizaciones
absurdas para justificar seres como la Piraquive o los mágicos pastores de
Ipiales que buscan “salvar” su rebaño con eyaculaciones sagradas.
Sin embargo, no podemos
desviar el tema; y centrarnos en el caso específico; para ello entonces
encontramos que la misma Adela Cortina menciona que uno de los fines clave de
la ética es “buscar la felicidad y la libertad del ser humano” (2014) y en este
caso encontramos la antítesis perfecta de esta problemática; así por ejemplo no
dejamos a Sergio ser libre y por ende feliz, no, lo intentamos tallar con base
a los valores propios, a nuestra moral a nuestra forma de ver el mundo y
dejamos entonces de seguir el ejemplo más grande del mundo, la naturaleza; la
que parece darnos lecciones de vida más grandes que los libros.
También necesitamos hilar
nuestro caso particular al tratado en entradas anteriores, el fanatismo
religioso; y para ello sobra con ver tres personajes de la vida publica que han
demostrado como esta combinación es nefasta:
- El
famoso senador Gerlein y su famoso “sexo excremental”, un hombre que se quiere
poner como el defensor de la familia tradicional, pero se hace el de la vista
gorda cuando ha patrocinado la corrupción en sus más de 16 años en el congreso
mamando de la teta pública.
- La señora
Viviane Morales, ex fiscal y “defensora” de los derechos humanos, quien acuso
a los homosexuales de extraños, incluyendo en ese comentario incluso a su
propia hija, esta misma señora, quien además de unirse a movimientos sectarios
y cristianos se encontró casada con un ex combatiente quien cometió crímenes de
lesa humanidad, pero que, para ella, es menos malo el homicidio que la sodomía
(palabra que curiosamente era delito incluso en los 90’s).
- Maria
Luisa Piraquive, que más decir de ella que lo conocido, cobra el diezmo y
discrimina a quien tenga una mutilación, por ser diferente (esto incluiría para
su tristeza a la Sra. Morales).
A nivel internacional los
casos por discriminación se pueden volver innumerables, la misma Rusia ortodoxa
tiene escuadrones “anti-gais” por citar un ejemplo. Aún así, es útil pensar que
pasa con la religión y la homosexualidad; si nos centramos en el antiguo mundo,
no encontraremos problema, el mismo dios Baco inducia a las orgías en las
festividades por lo que se podría pasar esta fase sin problema. Ahora bien,
cuando cae el oscurantismo sobre el pensamiento durante la eterna edad media, los
textos bíblicos se tornaron en ley santa, algo que, acuñado al ojo humano,
logró conducir a adoptar las escrituras al antojo perfecto; así: La sodomía es mala,
por Sodoma y Gomorra, así que debemos odiar a los homosexuales. Las mujeres
deben llegar vírgenes o ser lapidadas. Los cerdos son impuros, y aun así los
criamos y los comemos.
Lo anterior sin duda, es un
caso mencionado por Pulgarín quien al respecto señala que: “La ignorancia y el
prejuicio juegan un papel fundamental dentro de la concepción de normas y
juicios sociales; de ello que siempre se tengan combinaciones macho y hembra y
así, los demás géneros queden relegados a la subnormalidad”.
Y es en este sentido, para
finalizar donde podremos reflexionar que en muchas ocasiones impregnar con
religión todos los actos humanos puede conducir a reflexiones atroces y hacer
cierta la mayor mentira; así entonces cuando dejamos que el fundamentalismo
opaque nuestra mirada sobre la naturaleza y la vida, se tienen errores conceptuales
como los que denuncia Mago de Oz en una de sus tantas canciones: “Ser gay es
una enfermedad, violar a un crio no” en referencia a los actos impuros que a
cada día se denuncian más en el Vaticano.
BIBLOGRAFÍA: